Inconsecuencias
Su blog se llama The Business of Open Source.
Se llena la boca dando charlas acerca de contenidos libres.
Habla de licencias libres.
Su principal plataforma es cerrada y no piensa liberarla.
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Estaba en el paradero, era un día normal y hacía bastante frío, por eso de la gente solo veía parte de su cara, y me hacía fijarme mucho en los ojos. Nunca me he detenido a mirar el color de los ojos de nadie, porque nunca me llaman especialmente la atención. Pero esta vez fue diferente, porque cuando algo sale de la normalidad a la cual estamos habituados nos hace salir de nuestra rutina.
Ella tenía unos ojos diferentes, no eran claros, no eran oscuros, eran diferentes. Sus ojos iban rodeados de un abrigo negro sobre un par de blue jeans que marcaban el cuerpo que acompañaban a las maravillas de su cara. Por sobre sus ojos había un pequeño gorro para protegerse del frío.
La micro aún no pasaba y yo seguía perplejo ante la visión que tenía a mi lado, probablemente mucha gente del paradero se preguntaba porque estaba tan embobado. Llegó la micro, pero no me moví porque quería llegar a mi destino de siempre, sencillamente seguí a los ojos. Me deslice entre la gente que poblaba el lugar sin apartar mi vista de aquellos talismanes.
Se detuvieron cerca de un asiento en el que se encontraba una señora que dormía profundamente. Me puse al lado de ellos, como si me tratase de un acosador, pero mis impulsos eran mayores en aquel momento, extrañamente la poseedora de aquellos ojos no se sentía rara por mi presencia, lo cual en cierta forma me intimidaba, pero no lograba que mis deseos se detuviesen en aquel instante. Todo esto hacía de la situación de los más interesante.
Pasamos el paradero en el que siempre me detenía, sin embargo mis pies no se movieron de su lugar, en realidad, yo tampoco quería que lo hicieran, pero si necesitaba una excusa para sentirme más tranquilo. La micro avanzaba por calles gélidas y sin vida en donde pocas almas quedaban en las veredas aledañas. Tenía la tentación de hablarles, de mirarlos más de cerca, de poder contemplarlos de una manera más plena, de que mi visión se convirtiera en sonido, en tacto, en gusto, en olor.
Sin embargo temía el perder el derecho a ser un observador furtivo de tan sublime belleza en tan pequeño espacio, como era el de aquellos ojos. Mi deseo de no perderlos nunca y de querer conservarlos se iba haciendo cada vez más fuerte. Ya no estaba embobado, estaba enviciado con aquella maravillosa sensación que me producían esas fuentes de emociones y sentimientos.
A ella parecía no importarle nada en absoluto, el mundo pasaba a su alrededor y sus ojos permanecían con el mismo temple que al principio, es como si estos no formaran parte real del cuerpo más allá de la posición de privilegio con la que contaban en su rostro. No transmitían ninguna señal de preocupación o la más mínima intención de abandonar la micro. Al mirarlos y al verla también a ella solo notaba como respiraba levemente y al aire que se veía escapar de su boca y narices.
En un determinado momento se bajo una cantidad considerable de gente, por lo que ella se sentó en la parte de atrás de la micro. Inmediatamente la seguí y me senté a su lado. Ya no pude seguir siendo un observador fugitivo de aquellos ojos, los mire directamente, ella me miró fijamente y sin decirnos una palabra establecimos un contacto visual directo.
Aquel tiempo fue maravilloso, pude verlos directamente y sin ningún tapujo, ya nada me impedía observarlos a placer. Se me había permitido una nueva sensación en aquel momento, pero quería más que eso. No sabría explicar el sentimiento que me posesionaba, pero de la misma forma que no podía controlar el hecho de que mi existencia estuviese en ese lugar y en aquel momento, tampoco podía controlar las nuevas sensaciones que estaba experimentando.
Los miraba en forma fija y me iba acercando lentamente, de forma casi imperceptible. Quería tenerlos, quería poseerlos, quería que fueran míos y de nadie más. En ese momento ya nada me importaba, solo quería satisfacer mi necesidad de tener algo que anhelaba, porque lo demás ya lo consideraba trivial. Que importaba mi familia. Que importaba mi trabajo. Que importaban mis amigos. Solo me importaban aquellos ojos.
La micro se vacío lentamente, ya no sabía donde estaba ni a donde iba, en realidad tampoco me importaba. Ella puso su mano derecha sobre mi rostro, y sin dejar de mirarlos, lleve mi mano izquierda a su mano. Lentamente comencé a apretarla sin saber exactamente el porqué. Ella no se inmutaba y parecía que no le hacía daño. La micro avanzaba.
Su mano izquierda se poso sobre el otro lado de mi cara, y repetí la acción anterior, esta vez con mi mano derecha sobre la suya. Nuevamente apreté lentamente su mano y ella no reaccionó a esto.
Comencé a desesperarme por tener esos ojos. Ya me había acercado lo suficiente a su cara y apretaba fuertemente sus manos, pero quería más que eso, mi mente jugaba conmigo. Me levante de mi asiento en la micro vacía y sin quitar mi mirada de aquellos ojos maravillosos ni sus manos de mis mejillas, me ubique frente a ella. Saque mis manos de las suyas. La micro continuaba avanzado.
Dirigí mis manos a sus ojos, los toqué con la yema de mis dedos y experimente algo nuevo, diferente, ahora los tocaba. Quería más, empecé a empujarlos hacía adentro, ella no se inmutaba, mis dedos estaban dentro de ella. Llegué a un punto en el cual podía tirarlos hacía afuera, empecé a hacerlo lentamente para lograr sentir cada milímetro de los nervios que se iban desprendiendo de su cráneo.
Estaban a punto de salir, me extasiaba en sobremanera la situación y el hecho de que estaba a punto de poseer algo que anhelaba demasiado. Se desprendieron, los tenía en mi mano y podía mirarlos directamente en todo su esplendor, disfrutaba de ellos como nunca. En su cara solo quedaban unos agujeros por los cuales emanaba sangre. Ella permanecía inmóvil, solo respirando. Toque el timbre, la micro paro y me baje. La micro seguía avanzando.”