
“Estar vivo parece siempre el precio de algo.”
Julio Cortázar en Rayuela.
A pesar de que puede parecer una frase mamona más me cobra demasiado sentido en este momento. El 2011 empezó con la promesa de ser mi último año de estudiante normal, la implicación de seguir con mi vida universitaria que implica ir a clases, hacer trabajos y procrastinar en mi casa. Círculo vicioso que llena nuestras vidas. La promesa de la monotonía y relajo es siempre tentadora pero decidí que sería bueno empezar a cambiar esto. Motivado por el deseo de generar algo de dinero (para que vamos a estar con cosas… trabajamos porque queremos tener más) empecé a armar mi portafolio y mandarlo a diferentes partes. Fue así como de a poco logré ganar algunos trabajos.
No explayándome tanto al respecto tan solo diré que durante el 2011 en lo laboral me fue bien para estar aún estudiando. Espero que el 2012 sea parecido, debe serlo.
Pero tal parece ser que el karma me tiene en la lista de los primeros a los que hay que equilibrarles los asuntos puesto que esta aparente mejora vino a acompañada de muchas cosas que dificilmente se pueden calificar de positivas. Mi abuela materna tuvo que vivir con cáncer, un tío casi muere en un accidente y mi abuelo paterno (con quien viví 18 años) también se le diagnóstico un cáncer terminal. En ese orden. Me quiero quejar y gritar al mundo que me parece una injusticia. Quiero preguntarme «por qué a mi». Pero no puedo. Lo primero que se me viene a la mente es el típico «así es la vida», y es cierto, esas cosas le pasan a todo el mundo. Que sea la primera vez que me ocurren es la excepcionalidad de la situación. El curso natural de las cosas es que eventualmente la gente debe morir. Eventualmente uno va a morir.
Por ello digo que el 2011 fue un año como todos, porque no pasó nada que no deba ocurrir, pero fue especial de todas formas ya que representan hechos que me pasaron por primera vez. Me sorprenden que cuando empiezan a pasar cosas positivas el universo conspire… para que todo se mantenga en equilibrio. Ya que el dolor por las enfermedades y la muerte suele compensarse de forma sorprendente con la unidad que experimentas con tus seres queridos. No siempre pueden pasar cosas evidentemente buenas, a veces hay que pararse a pensar en las cosas que están ocurriendo y ver más allá del significado aparente.
A pesar de lo «cursi» de algunas frases creo que son ciertas. El hecho de leerlas, escucharlas y experimentarlas una y otra vez no le quitan veracidad a las cosas.
