Edificio los Ángeles, Av Los Leones 666 IV

10 de Enero de 2010 | Textos

Departamento 302, 23 de Junio, 19:00 hrs.

Barbara estaba sola en su casa, con la luz apagada y algo deprimida, miraba la televisión porque era el único panorama que tenía. Sus amigos vivían lejos de allí y no eran lo suficientemente cercanos como para llamarlos e invitarlos a alguna parte. El vacío la comía por dentro, pero tampoco tenía ganas de mucho… esperaba una llamada.

Se levantó al baño, pero empezó a sonar su celular. “¿Alo? Soy yo, ahora puedo”. Barbara cortó y fue al baño, pero esta vez a arreglarse como si fuera a salir. Se puso su mejor ropa, y se sentó a esperar. Quien la llamó la iría a ver.

Al abrir la puerta se encontró con él. Era un hombre algo mayor, pero de todas formas buen mozo. Inmediatamente la puerta se cerró, ella lo besó tiernamente en la boca y lo invito a pasar. Hace tiempo que no se podían ver y ella estaba muy emocionada con la situación, porque de verdad lo quería, aunque sabía del problema.

Él camino hacía ella, la besó y abrazó para que ambos terminaran sobre el sofá. La escena era perfecta, Barbara era feliz y no quería que el momento terminara, había dejado mucho para estar con él pasara lo que pasara, y nada más le importaba.

Sonó su celular, él contesto. Su mujer lo llamaba y ya era hora de volver, antes de lo previsto. Barbara quería gritar y pedirle que se quedará, que de una vez por todas la dejará y estuvieran juntos, pero sabía que era algo inútil.

Puso cara de que entendía la situación y le preguntó porque debía marcharse. “Mi mujer está por llegar a la casa y María José me espera”, se despidieron y el bajó al 201.

La velada había sido corta y Barbara se puso su pijama, apagó las luces, prendió la televisión y la miró hasta que se acabo toda la programación…

Barbara lo conoció en cuanto se mudaron al edificio, hacía 2 años. Un matrimonio normal con un hija adolescente, nada del otro mundo. En aquel entonces ella era pareja de David, del 202. Era un buen chico, pero no era ambicioso, no tenía clase, era menos que normal para ella. Deseaba algo más, con David tenía estabilidad, pero no era lo que buscaba. Sus amigas se estaban casando y hacían intentos de planes por hacer que ella también se vistiera de blanco, pero David no se lo pediría, ¿qué podría hacer ese pequeño sujeto por avanzar en su vida? De todas formas, no se casaría jamás con él.

Poco tiempo después de que los Rocha llegaran se lo encontró en un ascensor. El vestía siempre de terno. Usualmente negro y una camisa blanca, rondaría el metro y ochenta centímetros y una espalda ancha. Era el prototipo de hombre perfecto. Una semana después estaba con él en la cama.

Nunca terminó oficialmente con David, sencillamente se dejaron de ver. Parecía que a él no le importaba, porque sencillamente se saludaban cuando se veían por el edificio, como si nada pasara.

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