Hace un año que te fuiste…

08 de Noviembre de 2009 | Textos

Estoy escuchando Shine On Your Crazy Diamond de Pink Floyd. Se que quizás tu nunca los escuchaste, la verdad es que nunca te lo pregunté, porque se que te encantaban las rancheras. De todas formas nuestras conversaciones no eran sobre música, no, eran básicamente sobre ti, porque de verdad eras una caja de sorpresas, la verdad es que tu vida lo fue.

Como sobrellevo tu muerte creo que es lo correcta, aunque de todas formas me gustaría volverte a hablar porque extraño la forma que tenías de expresarte sobre las cosas que te pasaron. Lo importante no era tanto el contenido de lo que decías como lo que envolvía tus historias con esos viejos de campo, no era la historia en sí, era como brillaban tus ojos al contarlas. Traté siempre de ponerte la mayor atención posible, no porque me aburriera y temiera que mi indiferencia te molestara, más bien lo hacía porque hay cosas que es importante atesorar en lo más profundo.

No me da pena tu muerte, porque en lo más profundo de mi ser se que nos abandonaste porque realmente necesitabas descansar ya de todo lo que te había ocurrido en el último tiempo, aunque quisiéramos entenderte jamás podríamos llegar a comprender lo que las pérdidas en tu situación provocan, no es que dejaras a mi Mamita sola, no, solamente te adelantaste como siempre para que ella en un futuro esté mejor.

Lo que de verdad me da pena es la ausencia que generas en los demás, no es tu culpa, no, esta culpa es nuestra por no poder aceptar lo que ha pasado, pero tenemos que hacerlo. Lo importante no es recordar tu muerte, lo importante es recordar lo que fue tu vida y lo que nos enseñaste.

Por eso me gustaría poder llegar a ser al menos la mitad de lo que fuiste y lo que significaste para la gente que te quería y la gente que te conoció, porque tu sola presencia era de respeto, tu sola palabra nos daba confianza y seguridad. Directamente me transmitiste cosas muy importantes, y las que no, me las contó mi madre, que te recuerda con mucho cariño y le haces mucha falta. Bueno, creo que le haces falta a toda la familia que formaste.

No puedo sino darte las gracias por todo, este año desde que te fuiste ha sido extraño, no sé si ha sido bueno o malo, no lo podría decir ahora, pero tu partida significó cambios importantes en la vida de todos nosotros.

Te quiero Tata, y aunque sé que esto no lo leerás ni oirás a pesar de lo que puedan creer mis primos o mis tías y tíos, porque estás durmiendo y nada sabes, es una forma de externalizar lo que siento y poder liberarme de muchas cosas. Saber que lo que importa no es que te hayas ido, sino lo que nos dejaste a todos, saber que lo que importa no es la muerte, es la vida y que yo voy a luchar por ella.

Espero verte en un futuro Tata, te veré allí…

En el metro…

03 de Noviembre de 2009 | Textos

… venía una tipa escuchando la OST de Half Life mientras yo leía 1984 de George Orwell. Me tenía lo suficientemente desesperado como para agarrar la guagua que estaba en el coche frente mío y ocuparla de metralleta intentando matar a todos los tipos que estaban en el vagón. Menos mal que se bajó en Baquedano.

Edificio Los Ángeles, Av Los Leones 666 II

07 de Junio de 2009 | Textos

Departamento 202. 24 de Junio, 04:00 Hrs.

David era el habitante más antiguo del edificio, no el más viejo, ya que vivía desde pequeño allí. Sus padres se habían mudado y lo habían dejado en el apartamento para que se independizara de una vez por todas, algo que le costó mucho a David, por lo que tuvo que ser forzado a vivir solo.

No es que fuera inseguro, de hecho tenía muchas ganas de irse de su casa antes, pero necesita de la compañía de algún ser humano y sus relaciones humanas no eran muy buenas, si suficientes y socialmente aceptables. De hecho fue pareja durante algunos meses de Bárbara del 302, pero la relación no llegó a buen puerto.

La última noche había sido muy complicada para David, no acostumbraba a soñar, pero esta vez lo había hecho con insistencia, una extraña historia se repetía en su cabeza y no lograba sacarla, quería que parara, porque tenía mucho sueño, pero cada vez que ponía la cabeza sobre su almohada, la historia volvía a suceder, y desde el principio tranquilo que tienen los sueños, hasta su desenlace destructor de realidades acogedoras.

Por desgracia, nadie sabe como quitarse algo de la cabeza, ni como buscar la reconciliación con nuestro subconsciente. Prefirió ver como terminaba la historia, era mejor panorama que no dormir. Grave error.

Al ver el final de su sueño, despertó muy angustiado por lo que había visto, toda su cara lo demostraba y no podía realmente dimensionar lo que había soñado. Se levantó de su cama, aún no salía el sol, pero no tenía sentido seguir durmiendo. Eran las 6:00, caminó hacía el baño, se lavó la cara pero no tuvo el valor de levantar la cabeza para verla en el espejo, no estaba listo para eso.

Eran las 6:15 y ya estaba bajo la ducha inmóvil y pensante.

6:30. Ya estaba completamente listo y tomando desayuno muy lentamente, para pasar el rato amargo sencillamente tostó pan y le untó mantequilla. Preparó también un té con muy poca azúcar, el café le producía acidez.

Eran las 7:00 y escuchó como los Rocha se empiezan a mover para ir a dejar a su hija, María José, al colegio. Estaba ya cerca de la puerta oyendo lo que pasaba tras de ella y pendiente de cada movimiento de los padres, hasta que bajaron de las escalera.

La primera parte de su sueño estaba ocurriendo mientras él estaba despierto y consciente de todo lo que pasaba. A pesar de que tenía la sensación de poder evitar las cosas que ocurrían, no lo hacía, era algo que no podía evitar. Caminaba de un lado para otro dentro de su departamento y se preguntaba como era posible que las cosas dentro de su cabeza se pudieran volver realidad. Pensaba si era una facultad propia o una fuerza externa. Finalmente se decantó por la posibilidad de que todo fuera una gran coincidencia.

A las 7.30 los Rocha llegaron de dejar a su hija en el colegio y David estaba pegado a su puerta escuchando como entraba a su departamento. Su sueño había sido igual. Inmediatamente salió al balcón de su apartamento a tomar aire y respirar un poco.

Al estar afuera miró hacía arriba y allí estaba, en el balcón del 301, Barbara, fumando y mirando hacía la calle como si esperara a alguien. “¿Tienes algo que hacer?” Le gritó desde arriba. David algo dubitativo, dijo que sí. “Debo ir dónde los Rocha”. Acto seguido entró y nuevamente estaba cerca de la puerta para salir de su apartamento.

Pensaba en como seguía su sueño, y transpiraba. La imagen que le intimidaba estaba en su cabeza, era él con un cuchillo frente al 201. Entonces, se desmayó.

Edificio Los Ángeles, Av Los Leones 666 I

21 de Mayo de 2009 | Textos

Disclaimer: Todo lo que se escriba no tiene relación con este lugar, ni siquiera lo conozco por dentro, solo pase alguna vez por fuera y me pareció realmente anecdótico el nombre y la dirección. Así que si alguien de allí pasa por acá, es solo parte de mi inspiración todo lo que salga aquí, además de ficticio.

Departamento 201. 24 de Junio, 16:00 Hrs.

María José entra a su departamento. Ese día sus padres habían salido de viaje y ella era la reina del lugar. Se sentía feliz, ya que ellos usualmente no confiaban en ella y no la dejaban sola nunca, pero esta vez no la habían esperado y viajaron solos.

Dejó su mochila en el sillón y partió a su pieza a cambiarse el uniforme, mientras sacaba su celular para llamar a su mamá y preguntar cómo estaban, sin embargo nadie contestaba. No le dio mayor importancia y se cambio de ropa. Fue a la cocina y vio que no había nada preparado para que comiera, algo raro porque ella no sabía cocinar. A lo lejos se escuchaba un pequeño pitido, piii. Pensó que quizás era su celular con una llamada pérdida, lo miró, pero nada. Miró el microondas por si era algo, pero no. De todas formas venía de lejos, así que se imaginó que su padre había dejado algo por ahí y vaya a saber uno para que era.

No tenía que comer y no sabía cocinar, el refrigerador estaba vacío así que encargó una pizza por teléfono. Solución fácil y no tendría que ponerse a pelar nada. Llega la pizza y ella va a su habitación y se pone a comer frente a su computador. Piii, suena otra vez. “Que raro”, y mira para todos lados queriendo saber que es eso que se escucha. Se imaginó que venía de la ventilación, pero no volvió a sonar.

Mientras hablaba con sus amigas, las invitó a su casa en la tarde para que vieran una película o en realidad hicieran algo, aprovecharía que estaba sola y nadie le diría que hacer en la casa. Ahora sí tendría que salir a comprar para esperar a sus amigas, si había aprendido algo de las juntas de su mamá y las amigas de ella era que había que ser buena anfitriona. Piii, se escuchó otra vez. “Esto es de un celular”, pero ya estaba casi saliendo así que fue al supermercado rápidamente, no había tiempo que perder.

En el trayecto se encontró con el hombre del 202, David. “Buenas tardes”, a las que ella respondió amablemente, y siguió su camino.

Volvió al departamento y puso las cosas en el refrigerador. Piii, otra vez el ruido molesto. Sonó el timbre y ni siquiera alcanzó a pensar en el sonido. Eran sus amigas. María José las recibió amablemente y las atendió como correspondía. Bebida y galletas para pasar la tarde. Cerraron las cortinas para dejar todo más oscuro, y todas tapadas en el sillón con una manta, era tiempo de ver una película de terror. Piii, “¿un celular?”, dijo una de las amigas mientras buscaba en sus bolsillos. Pero María José aclaró que era un ruido que no sabía de donde venía.

La película avanzaba hacía lo mejor cuando se cortó la luz. Con la emoción y el temor de la película en sus cuerpos, las niñas estaban algo sobrecogidas. Piii, sonaba otra vez ese pitido. “Cote, ¿por casualidad a uno de tus papás no se le quedó su celular aquí y eso es lo que suena?”. María José volvió a llamar.

Fernanda era un amiga de María José solo ocasionalmente, pero esta vez se encontraba con este grupo de amigas, la verdad es que no se llevaban muy bien, pero si María José acudía a Fernanda cuando se enojaba con el resto de sus amigas y por eso estaba en el Departamento 201.

Cuando la Cote llama a sus padres, Fernanda estaba cerca de una de las rejillas que tienen la ventilación y escucha que esta vibra un poco. “¿Está vibrando la rejilla?”. María José sin separar el celular de su oreja camina hacía la rejilla. Corta la llamada. Piii, suena desde dentro.

Algo extraño pasaba, el celular de su madre estaba dentro de la ventilación y se había cortado la luz. Decidió que hablaría con el conserje, así que iba abriendo la puerta cuando fuera del 201 se encontraba David, del 202, como si estuviese esperándola. “Hola”, y la empuja hacía adentro.

Continuará…

Ojos

06 de Noviembre de 2008 | Textos

Estaba en el paradero, era un día normal y hacía bastante frío, por eso de la gente solo veía parte de su cara, y me hacía fijarme mucho en los ojos. Nunca me he detenido a mirar el color de los ojos de nadie, porque nunca me llaman especialmente la atención. Pero esta vez fue diferente, porque cuando algo sale de la normalidad a la cual estamos habituados nos hace salir de nuestra rutina.

Ella tenía unos ojos diferentes, no eran claros, no eran oscuros, eran diferentes. Sus ojos iban rodeados de un abrigo negro sobre un par de blue jeans que marcaban el cuerpo que acompañaban a las maravillas de su cara. Por sobre sus ojos había un pequeño gorro para protegerse del frío.

La micro aún no pasaba y yo seguía perplejo ante la visión que tenía a mi lado, probablemente mucha gente del paradero se preguntaba porque estaba tan embobado. Llegó la micro, pero no me moví porque quería llegar a mi destino de siempre, sencillamente seguí a los ojos. Me deslice entre la gente que poblaba el lugar sin apartar mi vista de aquellos talismanes.

Se detuvieron cerca de un asiento en el que se encontraba una señora que dormía profundamente. Me puse al lado de ellos, como si me tratase de un acosador, pero mis impulsos eran mayores en aquel momento, extrañamente la poseedora de aquellos ojos no se sentía rara por mi presencia, lo cual en cierta forma me intimidaba, pero no lograba que mis deseos se detuviesen en aquel instante. Todo esto hacía de la situación de los más interesante.

Pasamos el paradero en el que siempre me detenía, sin embargo mis pies no se movieron de su lugar, en realidad, yo tampoco quería que lo hicieran, pero si necesitaba una excusa para sentirme más tranquilo. La micro avanzaba por calles gélidas y sin vida en donde pocas almas quedaban en las veredas aledañas. Tenía la tentación de hablarles, de mirarlos más de cerca, de poder contemplarlos de una manera más plena, de que mi visión se convirtiera en sonido, en tacto, en gusto, en olor.

Sin embargo temía el perder el derecho a ser un observador furtivo de tan sublime belleza en tan pequeño espacio, como era el de aquellos ojos. Mi deseo de no perderlos nunca y de querer conservarlos se iba haciendo cada vez más fuerte. Ya no estaba embobado, estaba enviciado con aquella maravillosa sensación que me producían esas fuentes de emociones y sentimientos.

A ella parecía no importarle nada en absoluto, el mundo pasaba a su alrededor y sus ojos permanecían con el mismo temple que al principio, es como si estos no formaran parte real del cuerpo más allá de la posición de privilegio con la que contaban en su rostro. No transmitían ninguna señal de preocupación o la más mínima intención de abandonar la micro. Al mirarlos y al verla también a ella solo notaba como respiraba levemente y al aire que se veía escapar de su boca y narices.

En un determinado momento se bajo una cantidad considerable de gente, por lo que ella se sentó en la parte de atrás de la micro. Inmediatamente la seguí y me senté a su lado. Ya no pude seguir siendo un observador fugitivo de aquellos ojos, los mire directamente, ella me miró fijamente y sin decirnos una palabra establecimos un contacto visual directo.

Aquel tiempo fue maravilloso, pude verlos directamente y sin ningún tapujo, ya nada me impedía observarlos a placer. Se me había permitido una nueva sensación en aquel momento, pero quería más que eso. No sabría explicar el sentimiento que me posesionaba, pero de la misma forma que no podía controlar el hecho de que mi existencia estuviese en ese lugar y en aquel momento, tampoco podía controlar las nuevas sensaciones que estaba experimentando.

Los miraba en forma fija y me iba acercando lentamente, de forma casi imperceptible. Quería tenerlos, quería poseerlos, quería que fueran míos y de nadie más. En ese momento ya nada me importaba, solo quería satisfacer mi necesidad de tener algo que anhelaba, porque lo demás ya lo consideraba trivial. Que importaba mi familia. Que importaba mi trabajo. Que importaban mis amigos. Solo me importaban aquellos ojos.

La micro se vacío lentamente, ya no sabía donde estaba ni a donde iba, en realidad tampoco me importaba. Ella puso su mano derecha sobre mi rostro, y sin dejar de mirarlos, lleve mi mano izquierda a su mano. Lentamente comencé a apretarla sin saber exactamente el porqué. Ella no se inmutaba y parecía que no le hacía daño. La micro avanzaba.

Su mano izquierda se poso sobre el otro lado de mi cara, y repetí la acción anterior, esta vez con mi mano derecha sobre la suya. Nuevamente apreté lentamente su mano y ella no reaccionó a esto.

Comencé a desesperarme por tener esos ojos. Ya me había acercado lo suficiente a su cara y apretaba fuertemente sus manos, pero quería más que eso, mi mente jugaba conmigo. Me levante de mi asiento en la micro vacía y sin quitar mi mirada de aquellos ojos maravillosos ni sus manos de mis mejillas, me ubique frente a ella. Saque mis manos de las suyas. La micro continuaba avanzado.

Dirigí mis manos a sus ojos, los toqué con la yema de mis dedos y experimente algo nuevo, diferente, ahora los tocaba. Quería más, empecé a empujarlos hacía adentro, ella no se inmutaba, mis dedos estaban dentro de ella. Llegué a un punto en el cual podía tirarlos hacía afuera, empecé a hacerlo lentamente para lograr sentir cada milímetro de los nervios que se iban desprendiendo de su cráneo.

Estaban a punto de salir, me extasiaba en sobremanera la situación y el hecho de que estaba a punto de poseer algo que anhelaba demasiado. Se desprendieron, los tenía en mi mano y podía mirarlos directamente en todo su esplendor, disfrutaba de ellos como nunca. En su cara solo quedaban unos agujeros por los cuales emanaba sangre. Ella permanecía inmóvil, solo respirando. Toque el timbre, la micro paro y me baje. La micro seguía avanzando.”