El movimiento estudiantil ya se armó. A mi juicio los líderes de las agrupaciones estudiantiles de educación superior fueron demasiado prudentes al esperar hasta junio para empezar a hacer las cosas como la gente cuando debió ser mucho antes. No sé los motivos, pero a juicio de este observador no creo que los haya.
Pero lo importante ahora es que el movimiento funcione. Paro y toma son los indicadores comunes de que se están organizando los estudiantes, pero no es suficiente para sustentar el movimiento durante el tiempo que sea necesario ya que como medio de presión ya poco funciona y por lo demás conlleva traspasar gran parte del desgaste a los propios alumnos más que a los contrarios. Por ello la opción lógica es pulsionar: evitar solamente la tensión y relajar de alguna forma. Tan solo siendo lógicos comprendemos que lo necesario es llevar parte de la tensión a la opinión pública, que la masa también se encargue de cuestionar al gobierno y de reclamar por algo que a todas luces es injusto. Hay que lograr que el gran colectivo humano del país comprenda que no se trata de estudiantes reclamando por reclamar, que no son cabros chicos reclamando porque les quitaron $100, que no es por perder clases ni porque algunos quieren irse de vacaciones anticipadas. No, no se trata de eso (al menos no esta vez).
